Tu primera vez.

Te robé,
consentido,
tu virginidad.

Te desnudé, poco a poco,
intentando no romperte,
parecías tan frágil,
antes de tumbarte en mi cama temblabas.
Te besé todo el cuerpo mientras tu vello se erizaba
y tu piel se estremecía.
Tu ropa interior impregna ahora de tinta y flujo
mis hojas.

Cenamos nuestros cuerpos,
el uno el del otro,
tu perfume y tu sabor aún me perturba al pensar, sin querer, en ti,
mis sabanas aún tienen la forma de tus pechos,
pequeños,
perfectos.
Y entre caricias y besos lo hicimos
despacio,
lo hicimos, no por amor, pero lo hicimos,
y explotaste cien veces mirándome a los ojos,
respiraste mi nombre y te intenté besar pero
al terminar te levantaste,
te vestiste,
y te fuiste sin mirar atrás,
como si lo hubieras hecho
mil veces ya.

Y ahora ni nos miramos por la calle cuando nos vemos
dos veces
al año.

Escrito en Luxcersen.

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