Braguitas pistacho y noches hambrientas.

Entro en aquella vieja habitación,
le he dado un billete de veinte al ciego de la puerta por no mirar.
Estás en una silla, sentada,
con las piernas abiertas
y el pelo revuelto.

Me miras con tus ojos pintados a juego de tus medias
negras,
tienes unos tacones altos, negros también,
y unas braguitas color pistacho que me hacen delirar.
Te sujetas los pechos con una mano mientras con la otra
sujetas un cigarrillo con marcas rojas de pintalabios.
Me invitas a acercarme con la lengua,
y yo,
presa hipnótica de tu cuerpo,
me acerco.
Me pones un tacón en el pecho frenando mi libido,
me arrodillo y apartando
tus braguitas con la lengua confieso los pecados
que me mandas cometer.

Me pierdo en el sabor de tus entrañas
y beso
y muerdo tus húmedos y suaves muslos.
Agarras mi pelo con fuerza y gimes, alto,
te retuerces de placer y yo no puedo parar.
Te toco,
te agarro,
te miro al explotar los ojos de gata nocturna.

Agarras mi boca y me besas
y me vuelves a bajar;
te beso con lengua y gritas placer en un idioma animal.
Tus braguitas pistacho están empapadas,
soy una bestia sin control alguno y tú me sabes despertar,
y gritas
y me miras
y me despierto
solo
en la cama,
endurecido y confuso
por no hacerte realidad.

Escrito en Nüoshöm-Wull.

No hay comentarios:

Publicar un comentario