Sesenta segundos una raya.

El cajón de los desastres tenía su nombre
y mis cosas,                               ya eran casi suyas,
como todo lo demás,
pero no me importaba, miraba todo aquello intentando construir una imagen que abrazar,
algo que,
tras lo que a mi entender estaba siendo la eternidad dentro de un infierno en el que no creía,
pudiera contemplar mientras te pensaba...

Y mi habitación,
el único lugar en que que te podía sentir cerca
estaba lejos del lugar donde las botellas de whisky con las notas y los tequiero que lanzaba al mar se perdían,
lejos de donde los barcos de papel
llenos de palabras y letras que intentaban un vano intento de tu rescate naufragaban heridos por la realidad.

Planes de futuro en planos presentes estáticos,
inmóviles.
Cuerpos semejantes demasiado remotos de sí mismos para compararlos,
                            demasiado unidos para espaciarlos siquiera por una respiración.

El mundo en nuestra contra,
conspiraciones del universo,
ciclones neuronales,
emociones agolpadas y confusas,
cambios de humor y de lugar,
vuelta al principio
y cuando vuelvas
todo igual...


Horas nihilistas entre folios y tintas que relatan un amor casi virginal lleno de deseo y recuerdos de lo deseado,
lleno de caos, estupidez infantil y repeticiones de lo infinito y continuo.
Maravillosa sensación de locura inexacta a tu lado,
peligrosa emoción auto-homicida en tu no-presencia.


Lineas en las paredes cuentan los minutos que faltan para poder sentirte bajo mi piel.
Sesenta segundos una raya,
ya queda menos y esto
no acaba,
el tiempo que pienso en el paso del tiempo se pierde
entre las rayas que esgrimen firmantes con punta de oro un te anhelo en mis pupilas.

Escrito en Nüoshöm-Wull.

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