Todo renace al morir.

Rocas en el fondo de un abismo espacial de mil años luz-fundida.
Fuego en forma de hielo erosiona un paisaje de polvo y estrellas
muertas.
Restos de caballeros espaciales flotan inertes buscando un halo de vida eterna.
Sonidos huecos en el eco de mi paladar,
un canto de sirena en guerra.
Lágrimas de acero entre colores láser que cruzan el cielo y explotan en quemaduras grises.

Dioses rogando a los hombres que los crearon,
manos de sangre que silban muerte con los dedos,
oscuridad en ojos vacíos,
un fin del mundo anterior a su creación,
todo surge del caos,
todo renace al morir.

Y entre todos los cánticos desconsolados una voz explota rebeldía una figura desfigurada,
un ser sin nombre,
algo grita en mi pecho,
un eco de lo maldito,
un llanto que respira
placentero entre las llamas de la vida,
un llanto que contempla los ojos de su propia destrucción.

Escrito en Koiræ.

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