Me mira, sin mirarme.

Salgo del portal
con el teléfono en la mano
escribiendo alguna tontería.
Escucho alguien detrás mío,
es esa niña,
es "la hija de la vecina".
Me mira
sin mirarme
como siempre.

Abro la puerta de la urbanización, se la sujeto,
me mira,
sonrío, embelesado, me siento estúpido.
Pasa por delante mío, la miro el culo
siento un escalofrío,
me mira,
me ha pillado
sonríe
sin mirarme
como siempre.

Quiero hablarla
pero estoy mudo,
camino, no se muy bien hacia donde,
ella camina a mi lado
escribo tonterías en el teléfono
veo que las mira de reojo.

Seguimos andando sin rumbo un buen rato,
yo,
mirándola de reojo,
temblando.
me coge la mano, me quedo quieto,
me sonríe,
sin mirarme,
acerca sus labios a los míos,
da media vuelta y echa a correr
y salgo corriendo detrás de ella
tan rápido
que mis pies se enredan en la sábana
y caigo de la cama.

Despierto por el golpe
me quedo sentado con la cabeza dándome vueltas
a oscuras
con una estúpida sonrisa en la cara
y una felicidad tan tonta
como las cosas que escribía en el teléfono.

En aquella gasolinera.

Soñé que estábamos en aquella gasolinera
en la que nunca antes
habíamos estado.

Intentaba besarte
y tú,
a medias,
te dejabas.
Estabas preciosa,
como siempre,
recuerdo el olor de tu pelo
mezclado
con el de la gasolina,
recuerdo tus labios
rojos,
y tus ojos
de verde locura primaveral.
Recuerdo que te movías
como una hoja
llevada por el viento
mientras yo
sostenía la manguera
del autoservicio
y sonreía.

Pagué
estaba a euro el litro
por eso se que estaba soñando

Me esperabas fuera, apoyada
en la puerta
del coche,
poniéndome caras y muecas

con tu vestido blanco
corto
y el pelo suelto cayendo
por tus suaves hombros.

Te besé.

Nos montamos en el coche
y sin mirar atrás nos fuimos
de aquella gasolinera,
lo hicimos como siempre lo habíamos hecho
lo hicimos
por primera vez
porque nunca antes estuvimos allí

juntos.

No recuerdo su nombre.

Nos escondimos
bajo una manta
en medio de la gente para besarnos.
Estaba sorprendido,
nunca pensé que darías tú el primer paso,
nadie debía enterarse, nunca.
Tú solo querías gritar                                       -lo
decir que, de alguna manera,
era tuyo.


Mi caravana rodó por aquella colina,
y yo, dentro, guardé la calma
y un grito para el final.
Todos estaban ya en sus autobuses.
Los niños me ayudaron a salir,
tú volviste para curarme
con tus besos de alcohol
etílico.

No sabía en que pensar
tan solo me llenaba la cabeza
el miedo
a ser descubierto
y las ganas de repetir el furtivo encuentro.

Quería volverme a enamorar
y el espejo
proyectó un reflejo que no era el mío
al mirar.


Desperté con la sensación de ruptura de soledad
de falta de amor
y de contacto humano.

Desperté
con los labios húmedos
del recuerdo no vivido
y la erección matutina
del idílico encuentro soñado.