No recuerdo su nombre.

Nos escondimos
bajo una manta
en medio de la gente para besarnos.
Estaba sorprendido,
nunca pensé que darías tú el primer paso,
nadie debía enterarse, nunca.
Tú solo querías gritar                                       -lo
decir que, de alguna manera,
era tuyo.


Mi caravana rodó por aquella colina,
y yo, dentro, guardé la calma
y un grito para el final.
Todos estaban ya en sus autobuses.
Los niños me ayudaron a salir,
tú volviste para curarme
con tus besos de alcohol
etílico.

No sabía en que pensar
tan solo me llenaba la cabeza
el miedo
a ser descubierto
y las ganas de repetir el furtivo encuentro.

Quería volverme a enamorar
y el espejo
proyectó un reflejo que no era el mío
al mirar.


Desperté con la sensación de ruptura de soledad
de falta de amor
y de contacto humano.

Desperté
con los labios húmedos
del recuerdo no vivido
y la erección matutina
del idílico encuentro soñado.

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