Dentro.

Las paredes están frías
y todas las gaviotas muertas cuelgan ya del techo.
Hay muchas maneras de amar.

El tiempo y sus traiciones y las tuyas
también,
y los huracanes tuertos sin espacio para descansar
nos dejan con el amargor
y la decepción de unos ojos frente al espejo.

Mareas profundas, oscuridad,
mareos internos, oscuridad.
El amor solo existe en las mentiras.

Infiernos y nidos de Cuco que te devoran al nacer las entrañas;
extrañas su cuerpo de plumas de cuervo.
¿Quién sabe si de verdad está dentro?

Nuestro baile del viernes lo haremos un lunes,
no será cómodo
pero los finales nunca lo son.

Después de follar nos quedamos callados,
las sábanas pegadas
y los pechos agitados.
sombrío sentimiento
y después
y después
nada...

No te imaginas lo pronto que se hace
¨demasiado tarde¨.



Lluvia.

Llueve,
vuelvo a casa
en bici
y llueve.

Tú me esperas en casa,
en la tuya,
te acabo de dar un último beso.
Tengo que llamarte
cuando llegue
mojado.

Diluvia,
y vuelvo a casa
en bici.
Y me gusta que llueva
pero no si vuelvo a casa
en bici.

Los frenos chirrían
mojados,
y la ropa pegada a mi piel me cala los huesos
que también
chirrían.

La boca me sabe a último
beso y
agua.


Y llego a casa,
a la mía,
y dejo la bici en el portal,
y al entrar dejo toda mi ropa en la bañera
y abro la ventana para oír llover.
Diluvia.

Me muerdo el labio y sonrío
saboreando ese último beso
tuyo
de agua.
Y me siento afortunado,
mojado,
pero afortunado.




Recuerdo todo esto mientras paso la mano por mi cara
y frotándome los ojos
me seco las últimas lágrimas
que no son de lluvia,
no,
son de ti.

Lentamente.

Sales de mi mente
lentamente,
ya no siento tu ausencia,
nada es como antes
y ya no quiero que lo sea.

Haces que todo sea igual y eso
me aburre.

Rostros femeninos me observan caer.
-Espero que sus manos me recojan-


Todo son ondas y vibraciones y no puedo pensar.
Es solo la ilusión de un ficticio bienestar temporal.
Alargar lo inevitable.

¿Qué será lo que vendrá?

Estoy atrapado en una esfera de blanco cristal,
quiero romperla sin cortarme y no puedo.
Miles de burbujas se forman a mi alrededor
y en ellas
me reflejo en miles de futuros
alternativos.

Mi espacio se reduce,
me siento más libre que nunca
y sin embargo estoy cautivo del miedo
a traicionar.
Miedo
a herir,
a cambiar
a empezar de nuevo.

Sales de mi mente
lentamente,
ya no siento tu ausencia,
nada es como antes
y ya no quiero que lo sea.

Allá en las calles.

Y que allá,
en las calles,
no me atrevía a gritar.
La gente me miraba raro cuando lo hacía y terminé por callar.
Allá en las calles los sentimientos no eran entendidos si no eran plurales,
compartidos,
colectivos.

Allá en las calles no pude estar solo,
no pude escapar.

Arrastré un lastre temporal por miedo al rechazo,
por miedo, también, a herir
y con ello herirme.

Allá en las calles no podías dejar de amar
si no volvías a hacerlo
enseguida.
Allá en las calles
no se vivía
mal
no se vivía.

Ahora colgado de todos los globos que perdí de pequeño
miro las calles
desde lejos
libre al fin
para gritar y amar
y dejar de hacerlo si quiero
sin condición  ni condicionamiento alguno.

Libre al fin, para volver a empezar.

A trozos.

[...]
me enredo con el cable de los auriculares,
[...]
[...] me atrapa,
es una de mis enfermedades preferidas,
lo único que de verdad me evade
[...]
ni alcohol, ni besos.
[...]
solo ruido
en mis oídos,
son [...]
acordes mal entonados,
[...] escapan al
sonido blanco de la radio.
Todo da igual si mi cabeza está ocupada.

[...]
letras por todos lados,
muchas mal escritas y otras en idiomas desconocidos.
Hablar de tetas,
de caca,
de sexo en solitario,
[...]
de recuerdos no vividos y de miedos,
de miedos grandes y pequeños,
de algunos
[...]
y esos aun inexistentes y que espero no existan
nunca
[...].

No quiero pensar,
no mucho,
no
[...]
puedo, no debo
[...].


Esperar a
[...]
y seguir andando como si
[...]
y empezar a temer por
[...]
no hay nada que explicar
[...]
entre versos perdidos y sueños de baba de niño pequeño asustado.
[...]
vibraciones y suspiros con la piel de gallina que
[...]
[...]
estamos sentados con los ojos cosidos
[...]
no saber como salir de ningún lado,
sentado mirando fotos de tu pelo largo
[...]
finalmente tú
[...] quiero
[...]
perder la dignidad
[...]
y las palabras.

Clímax.

Se abre la puerta de lo ya conocido,
las ganas de recordar el lenguaje que nosotros mismos inventamos
nos conduce a más.
Nuestros cuerpos entran uno detrás del otro,
tus manos buscan las mías y mis dedos tu piel.
La luz demasiado tenue para resaltar los matices de tu figura
envuelve la habitación de deseo y excitación.

Mis manos
al fin sobre tu cuerpo
desnudan tu cálida piel perfecta en busca de alguna parte que no haya sido besada con anterioridad,
mis labios recorren tu cuero recordando cada cicatriz de encuentros anteriores,
tus pupilas se dilatan con cada respiración
mía
cerca de tus oídos,
mi cuerpo se estremece con cada susurro de amor pasional que tu boca desprende,
tus dedos y tus dientes se clavan en mí,
enloquezco,
tienes de nuevo el control.

Mis brazos rodean tu cuerpo
con la suficiente fuerza para fundirnos sin doler nuestros huesos,
mi olfato capta cada segundo de tu olor y lo retiene
cerca del lugar donde albergo tus recuerdos,
mi ojos,
ciegos por la escasa luz
                                                     que no puede iluminar tu rostro de ángel caído
explotan en una sinfonía de placeres mutuos a los que nos entregamos.

Desnudas nuestras pieles se pegan y se unen,
se rozan, se tocan,
se sienten,
rodamos entre sabanas infinitas,
giros vertiginosos y gritos ahogados,
palabras fugaces de amor que aumentan el frenesí con el que nos amamos.


Me agarras desde arriba,
me miras sin verme y me besas,
siento tu calor y tú el mío,
somos uno, inseparables,
únicos,
tan breves como queramos,
tan fugaces como la eternidad…
el placer deleita al clímax estallando dentro de ti,
convulsiones y sensaciones confusas, placer y dolor,
me ahogo entre suspiros,
tu cuerpo busca el mío estando juntos,
quieres más y tu voz lo pide,
enloquezco,
y tú conmigo,
volvemos a hacerlo,
no hay fin,
sonrisas y besos,
arañazos y marcas de pasión en el cuello,
son nuestras firmas en cuerpos ajenos…

Quedamos callados el uno encima del otro,
una sola figura,
una sola sombra en la tenuidad de una luz enferma,
pechos agitados por respiraciones revueltas,
satisfacción reciproca por amar al ser amado,
unidos al fin inseparables por siempre,
quietos inmóviles ya,
descansando en perpetua paz y felicidad.
quietos por siempre hasta que el baile comience de nuevo.

La única noche

Realmente no se que celebramos,
solo se que hay demasiado alcohol
en unos vasos a medio beber,
y que tú ya estás empezando a llorar mientras me pisas al bailar.


Estás perfecta,
como siempre,
con tu mejor vestido y el intento de tu mejor sonrisa.

Apenas hemos intercambiado palabras,
no hace falta que nos miremos para recordar
o inventar una escapada
a nuestros recuerdos.

Solos
esta noche hablamos un idioma distinto al resto,
no pasa nada,
nosotros nos entendemos, nos queremos,
pero el amor murió hace tiempo.
solo tenemos que cuidarnos un poco más,
esta vez es fácil decirte adiós,
no hay lágrimas ni despedida...

Dame un poco más de tiempo,
es pronto para irse a dormir.
Quiero poder oler tu pelo una vez más.
no se por qué, ya no me produce ningún placer,
tampoco va a dar color a los recuerdos-
Supongo que es la costumbre...

Tu maldito dulzor me ha hechizado durante mucho tiempo,
pero ahora tranquila,
ya no es como antes, ahora estaré bien sin ti.





"Siempre fuiste tú por encima del resto,
siempre fuiste tú
hasta que dejaste de ser tú misma"

Me siento solo.

Acelero
las farolas y semáforos pasan como relámpagos al filo de mis ojos,
las ventanillas bajadas hacen colarse el aire frío de enero,
eso está bien,
el aire de cara sujeta mis lágrimas.


He dejado a la chica de mi vida llorando en un parking,
no he querido besarla,
no así.
(Casi no puedo respirar).

La amo
de verdad la amo.
Por eso tengo que acabar con esto
antes de que sea demasiado tarde.
Algún día volveremos a vernos
y quiero
quererte otra vez.


Ahora me siento solo,
impotente,
estúpido,
nostálgico,
incoherente,
me siento como el reflejo etílico de un espejo de madrugada:
confuso y borroso.

Soy incapaz de sentir
o al menos
incapaz de reflejar mis emociones.


Se que te quiero, pero no puedo estar
a tu lado.
Se que te quiero,
pero no de la forma en la que debería quererte.

Se que te quiero
pero ahora me toca quererme a mí
también.

Carlota.

Será que Carlota es otra y tú
me has mentido.
Y que en tu coche
sin llaves está la naranja que robé para ti.

Será que estoy loco
y que echo de menos el tiempo
que imaginé a tu lado.

Y entre montañas blancas
nos deslizamos
agarrados, a veces,
como pequeñas plumas multicolor.

Me das la mano y te miro
todo es idílico y confuso.
Me faltan días y me sobran vidas
para querer
estar a tu lado.

Escribo y describo todo lo que nunca podré hacer
si no vuelvo a verte.

Y espero a que vengas para guardar
en mi retina
una última imagen de ti.
Despedida infinita fundida en un solo ser abrazado
que respira
y late sincronizado
con miedo a separarse.


Será que Carlota es otra

y a ti no te quiero dejar marchar.