Clímax.

Se abre la puerta de lo ya conocido,
las ganas de recordar el lenguaje que nosotros mismos inventamos
nos conduce a más.
Nuestros cuerpos entran uno detrás del otro,
tus manos buscan las mías y mis dedos tu piel.
La luz demasiado tenue para resaltar los matices de tu figura
envuelve la habitación de deseo y excitación.

Mis manos
al fin sobre tu cuerpo
desnudan tu cálida piel perfecta en busca de alguna parte que no haya sido besada con anterioridad,
mis labios recorren tu cuero recordando cada cicatriz de encuentros anteriores,
tus pupilas se dilatan con cada respiración
mía
cerca de tus oídos,
mi cuerpo se estremece con cada susurro de amor pasional que tu boca desprende,
tus dedos y tus dientes se clavan en mí,
enloquezco,
tienes de nuevo el control.

Mis brazos rodean tu cuerpo
con la suficiente fuerza para fundirnos sin doler nuestros huesos,
mi olfato capta cada segundo de tu olor y lo retiene
cerca del lugar donde albergo tus recuerdos,
mi ojos,
ciegos por la escasa luz
                                                     que no puede iluminar tu rostro de ángel caído
explotan en una sinfonía de placeres mutuos a los que nos entregamos.

Desnudas nuestras pieles se pegan y se unen,
se rozan, se tocan,
se sienten,
rodamos entre sabanas infinitas,
giros vertiginosos y gritos ahogados,
palabras fugaces de amor que aumentan el frenesí con el que nos amamos.


Me agarras desde arriba,
me miras sin verme y me besas,
siento tu calor y tú el mío,
somos uno, inseparables,
únicos,
tan breves como queramos,
tan fugaces como la eternidad…
el placer deleita al clímax estallando dentro de ti,
convulsiones y sensaciones confusas, placer y dolor,
me ahogo entre suspiros,
tu cuerpo busca el mío estando juntos,
quieres más y tu voz lo pide,
enloquezco,
y tú conmigo,
volvemos a hacerlo,
no hay fin,
sonrisas y besos,
arañazos y marcas de pasión en el cuello,
son nuestras firmas en cuerpos ajenos…

Quedamos callados el uno encima del otro,
una sola figura,
una sola sombra en la tenuidad de una luz enferma,
pechos agitados por respiraciones revueltas,
satisfacción reciproca por amar al ser amado,
unidos al fin inseparables por siempre,
quietos inmóviles ya,
descansando en perpetua paz y felicidad.
quietos por siempre hasta que el baile comience de nuevo.

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