Lluvia.

Llueve,
vuelvo a casa
en bici
y llueve.

Tú me esperas en casa,
en la tuya,
te acabo de dar un último beso.
Tengo que llamarte
cuando llegue
mojado.

Diluvia,
y vuelvo a casa
en bici.
Y me gusta que llueva
pero no si vuelvo a casa
en bici.

Los frenos chirrían
mojados,
y la ropa pegada a mi piel me cala los huesos
que también
chirrían.

La boca me sabe a último
beso y
agua.


Y llego a casa,
a la mía,
y dejo la bici en el portal,
y al entrar dejo toda mi ropa en la bañera
y abro la ventana para oír llover.
Diluvia.

Me muerdo el labio y sonrío
saboreando ese último beso
tuyo
de agua.
Y me siento afortunado,
mojado,
pero afortunado.




Recuerdo todo esto mientras paso la mano por mi cara
y frotándome los ojos
me seco las últimas lágrimas
que no son de lluvia,
no,
son de ti.

Lentamente.

Sales de mi mente
lentamente,
ya no siento tu ausencia,
nada es como antes
y ya no quiero que lo sea.

Haces que todo sea igual y eso
me aburre.

Rostros femeninos me observan caer.
-Espero que sus manos me recojan-


Todo son ondas y vibraciones y no puedo pensar.
Es solo la ilusión de un ficticio bienestar temporal.
Alargar lo inevitable.

¿Qué será lo que vendrá?

Estoy atrapado en una esfera de blanco cristal,
quiero romperla sin cortarme y no puedo.
Miles de burbujas se forman a mi alrededor
y en ellas
me reflejo en miles de futuros
alternativos.

Mi espacio se reduce,
me siento más libre que nunca
y sin embargo estoy cautivo del miedo
a traicionar.
Miedo
a herir,
a cambiar
a empezar de nuevo.

Sales de mi mente
lentamente,
ya no siento tu ausencia,
nada es como antes
y ya no quiero que lo sea.

Allá en las calles.

Y que allá,
en las calles,
no me atrevía a gritar.
La gente me miraba raro cuando lo hacía y terminé por callar.
Allá en las calles los sentimientos no eran entendidos si no eran plurales,
compartidos,
colectivos.

Allá en las calles no pude estar solo,
no pude escapar.

Arrastré un lastre temporal por miedo al rechazo,
por miedo, también, a herir
y con ello herirme.

Allá en las calles no podías dejar de amar
si no volvías a hacerlo
enseguida.
Allá en las calles
no se vivía
mal
no se vivía.

Ahora colgado de todos los globos que perdí de pequeño
miro las calles
desde lejos
libre al fin
para gritar y amar
y dejar de hacerlo si quiero
sin condición  ni condicionamiento alguno.

Libre al fin, para volver a empezar.

A trozos.

[...]
me enredo con el cable de los auriculares,
[...]
[...] me atrapa,
es una de mis enfermedades preferidas,
lo único que de verdad me evade
[...]
ni alcohol, ni besos.
[...]
solo ruido
en mis oídos,
son [...]
acordes mal entonados,
[...] escapan al
sonido blanco de la radio.
Todo da igual si mi cabeza está ocupada.

[...]
letras por todos lados,
muchas mal escritas y otras en idiomas desconocidos.
Hablar de tetas,
de caca,
de sexo en solitario,
[...]
de recuerdos no vividos y de miedos,
de miedos grandes y pequeños,
de algunos
[...]
y esos aun inexistentes y que espero no existan
nunca
[...].

No quiero pensar,
no mucho,
no
[...]
puedo, no debo
[...].


Esperar a
[...]
y seguir andando como si
[...]
y empezar a temer por
[...]
no hay nada que explicar
[...]
entre versos perdidos y sueños de baba de niño pequeño asustado.
[...]
vibraciones y suspiros con la piel de gallina que
[...]
[...]
estamos sentados con los ojos cosidos
[...]
no saber como salir de ningún lado,
sentado mirando fotos de tu pelo largo
[...]
finalmente tú
[...] quiero
[...]
perder la dignidad
[...]
y las palabras.