Allá en las calles.

Y que allá,
en las calles,
no me atrevía a gritar.
La gente me miraba raro cuando lo hacía y terminé por callar.
Allá en las calles los sentimientos no eran entendidos si no eran plurales,
compartidos,
colectivos.

Allá en las calles no pude estar solo,
no pude escapar.

Arrastré un lastre temporal por miedo al rechazo,
por miedo, también, a herir
y con ello herirme.

Allá en las calles no podías dejar de amar
si no volvías a hacerlo
enseguida.
Allá en las calles
no se vivía
mal
no se vivía.

Ahora colgado de todos los globos que perdí de pequeño
miro las calles
desde lejos
libre al fin
para gritar y amar
y dejar de hacerlo si quiero
sin condición  ni condicionamiento alguno.

Libre al fin, para volver a empezar.

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